miércoles, 17 de julio de 2013

EL MEJOR TRABAJO DEL MUNDO III

El Universo No Lo Quiso Así…
En nuestra columna de opinión, Jorge Ossio Seminario nos ofrece una pequeña diatriba acerca de lo que significa ser artista en este mundo cruel.



Si es que todo el mundo cumpliera sus sueños el planeta tendría un exceso de bomberos y policías. Habría demasiados doctores. La mitad de nuestros parientes serían cantantes de rock o estrellas de cine. Habrían menos suicidios, probablemente. Tal vez.
            El universo no lo quiso así. La gran mayoría de personas que conozco dejaron atrás sus sueños apenas aprendieron qué era el dinero. Recuerdo que estaba en segundo o primero de secundaria cuando me di cuenta que mis amigos ya no contestaban lo mismo cuando alguien les preguntaba qué iban a ser de grandes. Alonso quería ser biólogo marino pero se inclinó por la arquitectura. Alejandro quería estudiar literatura pero la psicología terminó jalándole el ojo. Yo quiero ser cineasta. Bruno Espejo quiere ser actor.
            Espero que no esté dando la impresión de que odio el dinero o que resiento a todas aquellas personas que cambiaron sus pinceles por gruesas separatas de derecho institucional. Todo lo contrario: ¡los admiro! Dejar de lado tus sueños es simplemente una cuestión de lógica. Se trata de ser lo suficientemente maduro para enfrentarse a la cruda realidad del mundo y aceptar que las posibilidades de lograr lo que te propusiste una solitaria noche de verano cuando tenías nueve años son básicamente nulas. Llegar a ese punto de conciencia toma valor. Es doloroso. Como dije, es admirable.
            Rehusarte a dejar atrás tus sueños es también admirable pero el doble de tonto. Es además un camino mucho más interesante: me gusta escribir acerca de actores/directores/novelistas/poetas porque me parecen héroes casi mitológicos. Me recuerdan a Hércules luchando contra la hidra— cortan las cabezas de sus problemas solo para que surjan más y más y más. Tienen la esperanza de algún día encontrar estabilidad pero muy pocos tienen idea de cómo llegar a ella. El día a día de cualquier actor, por ejemplo, podría ser un cuento de Julio Ramón Ribeyro.
            Bruno Espejo es un actor joven pero sus ojos están cada vez más viejos. En él veo las etapas por las que pasa cualquier artista que recién comienza. Primero te enfrentas con la realidad de tu trabajo— descubres que has idealizado la carrera que tanto querías seguir. Luego chocas contra la realidad de tu billetera— la carrera tiene que generar un ingreso estable. Después te zambulles en la realidad de tu país— este lugar en donde vives no tiene industria con la cual mantenerte activo. 
            De todas formas decides seguir. De todas formas decides enfrentarte al monstruo de mil cabezas.
            Admiro a estas personas porque su vida entera es una gran apuesta. Admiro a estas personas porque están dispuestos a matarse por algo tan ridículo e inservible como el arte. Admiro a estas personas porque me dan fuerzas para seguir mis propios sueños. Admiro a estas personas porque estoy seguro que a veces deben olvidarse de todos sus problemas y sentirse como niños de nuevo, por fin haciendo lo que en realidad les gusta y siendo felices. Admiro a estas personas porque sin ellas el mundo sería más aburrido de lo que ya es.
            Recemos por los artistas, entonces. Se lo merecen. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario