El
Universo No Lo Quiso Así…
En nuestra columna de opinión, Jorge Ossio Seminario nos ofrece una pequeña diatriba acerca de lo que
significa ser artista en este mundo cruel.
Si es que todo el mundo cumpliera sus sueños
el planeta tendría un exceso de bomberos y policías. Habría demasiados
doctores. La mitad de nuestros parientes serían cantantes de rock o estrellas
de cine. Habrían menos suicidios, probablemente. Tal vez.
El
universo no lo quiso así. La gran mayoría de personas que conozco dejaron atrás
sus sueños apenas aprendieron qué era el dinero. Recuerdo que estaba en segundo
o primero de secundaria cuando me di cuenta que mis amigos ya no contestaban lo
mismo cuando alguien les preguntaba qué iban a ser de grandes. Alonso quería
ser biólogo marino pero se inclinó por la arquitectura. Alejandro quería
estudiar literatura pero la psicología terminó jalándole el ojo. Yo quiero ser
cineasta. Bruno Espejo quiere ser actor.
Espero
que no esté dando la impresión de que odio el dinero o que resiento a todas
aquellas personas que cambiaron sus pinceles por gruesas separatas de derecho
institucional. Todo lo contrario: ¡los admiro! Dejar de lado tus sueños es
simplemente una cuestión de lógica. Se trata de ser lo suficientemente maduro
para enfrentarse a la cruda realidad del mundo y aceptar que las posibilidades
de lograr lo que te propusiste una solitaria noche de verano cuando tenías
nueve años son básicamente nulas. Llegar a ese punto de conciencia toma valor.
Es doloroso. Como dije, es admirable.
Rehusarte
a dejar atrás tus sueños es también admirable pero el doble de tonto. Es además
un camino mucho más interesante: me gusta escribir acerca de
actores/directores/novelistas/poetas porque me parecen héroes casi mitológicos.
Me recuerdan a Hércules luchando contra la hidra— cortan las cabezas de sus
problemas solo para que surjan más y más y más. Tienen la esperanza de algún
día encontrar estabilidad pero muy pocos tienen idea de cómo llegar a ella. El
día a día de cualquier actor, por ejemplo, podría ser un cuento de Julio Ramón
Ribeyro.
Bruno
Espejo es un actor joven pero sus ojos están cada vez más viejos. En él veo las
etapas por las que pasa cualquier artista que recién comienza. Primero te
enfrentas con la realidad de tu trabajo— descubres que has idealizado la
carrera que tanto querías seguir. Luego chocas contra la realidad de tu
billetera— la carrera tiene que generar un ingreso estable. Después te
zambulles en la realidad de tu país— este lugar en donde vives no tiene
industria con la cual mantenerte activo.
De
todas formas decides seguir. De todas formas decides enfrentarte al monstruo de
mil cabezas.
Admiro
a estas personas porque su vida entera es una gran apuesta. Admiro a estas
personas porque están dispuestos a matarse por algo tan ridículo e inservible
como el arte. Admiro a estas personas porque me dan fuerzas para seguir mis
propios sueños. Admiro a estas personas porque estoy seguro que a veces deben
olvidarse de todos sus problemas y sentirse como niños de nuevo, por fin
haciendo lo que en realidad les gusta y siendo felices. Admiro a estas personas
porque sin ellas el mundo sería más aburrido de lo que ya es.
Recemos por los artistas, entonces. Se lo merecen.
Recemos por los artistas, entonces. Se lo merecen.

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